viernes, julio 08, 2005

El Perdón


En estos días he estado reflexionando sobre el Perdón…

Hace mucho tiempo atrás un buen amigo, psicólogo de profesión, me contó el caso de un paciente suyo, ya fallecido, cuya madre lo odiaba y se lo decía siempre.

Se inmaginan lo que se sentirá que tu madre te diga: No quise traerte al mundo, te odio? Y te lo repita cada que intentes acercártele?

Terrible! Doloroso!

Pues bien, este señor estaba desahuciado y aún así perdonó a su madre con una frase tan maravillosa, que no he podido olvidar. Le dijo:

Tú no me puedes amar pero quiero que sepas Madre, que yo a tí, si te amo.

Y se lo dijo desde el corazón. Simplemente reconoció que él no podía hacer que su madre lo quiera pero él si podía quererla. Y sanó ese dolor que tenía dentro.

Creo que el estar a las puertas de la muerte (una vez pasado el temor) te confiere una claridad que no tenemos cuando pensamos que la vida se pierde en el horizonte. Cuando nos llevamos el mundo por delante, creyendo que “esto” jamás acabará.

Eso me hizo preguntarme: ¿Tengo que estar a las puertas de la muerte para perdonar?

Ciertamente No.

Inmediatamente recordé a todos aquellos y aquellas a los que he ofendido directa o indirectamente. Descubrí que con la mayoría me he disculpado y han sido aceptadas mis disculpas, pero algo me hacía sentir insatisfecha.

Anduve así por meses hasta que hace poco, en una meditación, pude darme cuenta que no he perdonando a una de las personas que más he ofendido y es a mí misma.

Perdonarte tus errores… cosa difícil. Aceptarte como eres aún con lo que te avergüenza… más difícil aún!

No se trata de ser perfecta, se trata de Ser. De asumir lo que tienes y no juzgarte por lo que careces. Aceptarte.

Desde que decidí perdonarme han aflorado recuerdos, algunos dolorosos, listos para pasar por el proceso de perdón. He podido ver que la psique te ayuda cuando de sanar se trata.

He sido más amable conmigo misma. Estoy entendiendo el dolor oculto que reprimimos por temor a sufrir y como eso se va hundiendo en el inconsciente para luego supurar desde ahí. ¿Y qué creen? Por no querer sufrir, terminamos sufriendo aún más.

Creo que esos son los demonios a los cuales cada uno debe enfrentarse alguna vez pero, y esto es esencial, desde el ESPÍRITU que es el origen del perdón.

7 comentarios:

Fabio Peñafiel L. dijo...

:(
Sin Comentarios

Ingrid dijo...

No es para ponerse triste, hombre!
Se trata de aprender.

alma dijo...

Cuando una perdona se libera de una pesada carga y además se suelta de los lastres del otro..

Ingrid dijo...

Así es Alma, aunque a veces nos dejamos cegar por la ilusión de que si perdonamos a otro, solo aquel se beneficia. Olvidamos que todos estamos conectados de alguna u otra forma.

Anónimo dijo...

que cursiiiiiiiiiiiiiiii!! a ver si por ejemplo a la que odian es a tu hija ingrid, digamos, la suegra.. o yo q se.. puta minimo la tendrias coraje..

Ingrid dijo...

Anonymus, no se trata de ser perfectos sino de Ser. En el caso que tú mencionas, no creo que ser solidaria en el odio sea algo que ayude a mi hija.
Considerar otras formas de ver las situaciones es saludable.
Saludos.

Anónimo dijo...

Hola creo q esn una historia triste pero hermosa pero perdonar aun asi reconozco q me cuesta muxo perdonar ciertas cosas